ANSOFF Y LA CAIDA DE SAIGON

H. Igor Ansoff es clásico del pensamiento estratégico moderno por la amplitud del reconocimiento de sus colegas de la calidad de Russell Ackoff. Lo que se enseña y aplica ahora, extiende las entonces polémicas ideas de Ansoff, construyendo éxitos empresariales porque Ansoff fue el responsable de introducir el FODA, o SWOT en inglés, por primera vez al análisis de opciones estratégicas en su libro publicado en 1965 sobre estrategia corporativa. En Inglaterra y Estados Unidos, apenas publicado fue devorado, porque zanjaba, atrevida pero inteligentemente, un debate muy fuerte entre británicos y americanos, dos paises "divididos por un lenguaje común". En una cancha, básicamente, se enfrentaba el cálculo frío demasiado fácil de entender, con toda la reputación de haber vencido en la Guerra Mundial y haber llegado a la Luna. En la otra cancha la visión gris quizás mucho más cínica, el examen de los bosques contra la disección de cada árbol, la probabilidad de cada playa. Ansoff provocó un vendaval intelectual que nos liberó de las ecuaciones econométricas y de la, entonces, engañosamente precisa teoría de la empresa. El origen del principio del libro de Ansoff es producto directo de su contacto con el Decano del Carnegie Mellon de entonces, Richard M. Cyert quien reconstruye la Teoría de la Empresa para liberarla del cálculo económico de evaluación de proyectos de inversión, y especialmente de la proposición, entonces en boga, que las empresas eran gobernadas por una tendencia a la optimización de utilidades. Ansoff, siguiendo la lógica de Cyert y March y de Herbet Simon, arguye que las empresas buscan en realidad un nivel satisfactorio de utilidades o "satisficing", algo bastante más sustancioso que el "sobrevivir" de Drucker, y que, al establecer objetivos fijan varios vectores, solo uno de ellos dedicado a utilidades, vectores además preñados de conflictos potenciales entre ellos y de oportunidades potenciales multiplicativas que llamó "sinergias". Ansoff anunció que escribía para establecer una "Teoría de Decisiones Estratégicas de la empresa" en base a las aportaciones académicas de Cyert, March y Simon y a su experiencia en Lockheed Aircraft Corporation, de cuyo Presidente Robert E. Gross dijo: "me enseñó lo que sé de estrategia de negocios". Propone que el enfoque a las decisiones estratégicas debe ser en forma de cascada comenzando con "la decisión de diversificar o no la empresa. El segundo paso es elegir un enfoque amplio de producto-mercado de una lista de categorías amplias. El tercero es refinarlo por medio de las características de los mercados específicos". Al dar un ejemplo diseña una gráfica (Fig2-1 p.27) y allí aparece, a modo de síntesis genial, el primer SWOT. El paso de formulación de objetivos y elección de metas se abre en dos direcciones: arriba "evaluación interna de la empresa" y abajo "evaluación de oportunidades externas" las cuales se conjugan en la "decisión de diversificación ", esta, a su vez, se abre en una estrategia de expansión, implícita en no diversificar, y en una estrategia de diversificación, cada una con sus propios componentes de estrategia. La elección no es una cuestión de cálculo porque la empresa tiene objetivos no-económicos y porque sus gerentes tienen responsabilidades y restricciones. "El problema real de la empresa", dice "es como obtener el mejor retorno posible de los recursos disponibles en vez de maximizar bajo la suposición que la base de recursos puede ser ajustada como a uno le dé la gana". Treinta años después, exactamente, Robert S. McNamara en "In Retrospect" (p.39-40) reveló el costo de no haber seguido el pensamiento de Ansoff. Dice McNamara, brillante MBA de Stanford, perdedor en Vietnam "..mirando atrás es claro que nuestro análisis por ningun lado era adecuado. Fracasamos en formular las cinco preguntas básicas...Es más allá de lo comprensible el que no nos forzáramos a enfrentarnos a los temas urgentes de frente. Pero es muy difícil ahora recapitular la inocencia y confianza con lo que enfocamos a Vietnam (en la era Kennedy) .Sabíamos muy poco de ése lugar. No teníamos experiencia en el manejo de crisis...Finalmente, y lo que es más importante, estábamos enfrentándonos a problemas para los que no había respuestas listas o buenas. Me temo que bajo estas circunstancias los gobiernos, y en realidad cualquier persona, tiende a esconder la cabeza en la arena. Todo esto puede ayudar a explicar, pero ciertamente no perdonará, nuestro comportamiento". Haber sabido francés, reconocer las habilidades de No Nguyen Giap, católico como McNamara, y recapitular sobre los cientos de años que Vietnam contuvo y contiene a China, no hubieran requerido esta histórica confesión.

Robert S. McNamara "In Retrospect. The Tragedy and Lessons of Vietnam", 1995, Times Books