MARKETING CARA-A-CARA

Varios son los lubricantes de las transacciones sobre todo cuando se realizan en el encuentro de servicio, cara a cara. Un vendedor estrella tenía por superexitosa costumbre preocuparse más de los negocios del cliente que de su propio producto sobre el que siempre tuvo una actitud tan cómica que provocaba risa. Definía la risa, muy correctamente, como "una convulsión respiratoria que deja sin control al cliente". Confesaba que su producto hubiera sido mejor de no haber existido ese infernal ingeniero escondido en el fondo de la fábrica. Aceptaba que había alguien por allí ofreciendo el mismo producto gratis pero que aun nadie se atrevía a aceptarlo por ser una vulgar imitación, rematando siempre con un chiste "totalmente nuevo". En el infierno en realidad habían puertas con las marcas de todos los fabricantes en cada una pero que la cola más larga era la de su propia marca. Al acercarse a preguntar un ex cliente le informaron que en todas las puertas hacían lo mismo, "Te sacan el pellejo, te meten en aceite hirviendo y luego te empluman completamente". Pregunta entonces el ex cliente " ¿Pero entonces porque esta es la cola más larga ? ", "Bueno, vea usted, confidencialmente, aqui en esta marca muchas veces los cuchillos no tienen filo, el aceite no llega a hervir y las plumas se caen al poco rato".La risa asalta por sorpresa al sentido común, rompe las amarras de lo cotidiano y enfoca las cosas en una dirección inmensamente más relajada pero es muy sensitiva a las culturas e idiosincracias. Como los buenos vinos, los buenos chistes no viajan bien y cambian con el tiempo. Segun el vendedor estrella, algunos colores han ido pasando de moda entre las nuevas generaciones en todas partes. Los chistes muy rojos son ahora más de moda entre las mujeres pero los que más han sufrido han sido los chistes étnicos excepto en el Sur de Asia entre los tres tristes tigres. En uno de ellos se encuentran a cenar juntos tres tristes hombres de negocios, uno de Corea del Norte, otro de Corea del Sur, famosos por su dura descortesía, y otro japonés. Al sentarse a cenar el mozo dice a modo de preámbulo, mientras entrega el menú: "Disculpen, no hay carne". Inmediatamente el norcoreano pregunta "¿ Y eso qué es?", el surcoreano exige que le digan "¿ qué es disculpas ?" y el japonés anuncia no entender las palabras "No hay". Al otro lado del mundo, la guapa Secretaria de Iván Petrovich, exitosísimo empesario ruso, le anuncia cortésmente que un asesino está en la sala de espera. "Qué raro" piensa Iván, "...no recuerdo haberlo contratado". Estos son chistes nuevos pero algunas formas de chistes persisten. Cuando murió Stalin el Papa llamó al infierno inmediatamente para enterarse del efecto de sus plegarias. Grande fue su sorpresa cuando no lo encontró en el Registro Central del Averno. Luego de postrarse en admiración ante la infinita piedad divina se abalanza en pos del teléfono celestial para confirmar la noticia del siglo: "Hola Pedro, como estás, es cierto que...." Pero una voz dura lo interrumpe firmemente : "No Santo Padre, este es el camarada Pedro". En Chile se hace hoy el mismo chiste con el deceso de Pinochet. Igualmente sorprendido Frei llama al cielo a averiguar porqué no estaba en el infierno respondiéndole el mismísimo General asegurándole que "Mi Sr Presidente, usted no se preocupe, aquí está todo bajo control".