EL CAOS SEGUN SOROS

La última palabra para comprender los volátiles mercados financieros globales la acuñó el célebre motor financiero George Soros, dueño del Quantum Fund, de lejos el fondo de inversión con el mejor desempeño de los últimos veinte años. La clave para Soros se llama "reflexividad" según explica en una entrevista el 7 de Mayo de 1997 publicada en varias revistas. Reflexividad significa, según Soros, una conexión de doble sentido entre lo que pensamos y lo que ocurre en el mundo, una conexión que no existe en la naturaleza porque es inerte pero que es propia de las relaciones entre seres humanos donde actuamos en base a nuestra visión del mundo y al actuar lo cambiamos irremediablemente. No se trata solamente de profecías que se autocumplen, ni tampoco de una expresión sofisticada del ARIMA de Box-Jenkins, sino más bien de la acumulación histórica de eventos que van cambiándose dinámicamente, produciendo nuevos valores, cambiando el contenido y sentido político y moral del entorno social. Las ideas que los consumidores tienen sobre el mundo, sobre sí mismos, sobre el futuro y las condiciones de la economía, acaban cambiando la economía misma, y a los propios consumidores, y ellos a los mercados, en una secuencia interminablemente reflexiva donde la separación entre causa y efecto se torna más intrincada que un plato de fideos cabello de angel. En la entrevista Anthony Giddens, Director del London School of Economics concuerda con Soros. "..nuestras vidas son cada vez menos determinadas por las rigideces de la tradición y de la naturaleza. ...Deben tomarse decisiones en muchas áreas sobre eventos que previamente solo eran datos dados, decisiones que transformarán las decisiones de otros. Y eso es lo que son los mercados futuros realmente, una continua reflexión del riesgo doblado sobre otro riesgo y ése doblado sobre otro interminablemente". Soros usa la reflexividad para encontrar lo que llama fracasabilidad o "fallibility", es decir, el riesgo de meter la pata. Con gran inteligencia Soros admite que la visión que tiene él mismo del mundo es la incorrecta "porque somos parte del mundo en que vivimos y al serlo, no podemos comprender como es realmente. Hay una realidad, ciertamente, pero es imposible conocerla completamente. Hay algunas partes que conoceremos pero no lo sabremos todo porque una parte de ése todo es contingente con lo que pensamos". Para Soros, entonces, todo en el mundo tiene una falla más o menos escondida, cuya localización es imposible pero que obliga al conocedor de los mercados a entrenarse en pensar críticamente y retirarse lejos de la certeza de algún hallazgo clave. "Por eso", dice Soros "funciona tan bien en los mercados financieros porque lleva a buscar la falla permitiéndote ajustar tu posición de mercado". Soros vive así siempre al borde del caos total tratando de comprender cómo se detiene o se desata muchas veces viniendo de uno mismo. "La amplitud de posibilidades es mucho mayor si la realidad no está dada sino es parte de la creación propia". La primera lección de Soros es evitar cerrarse dentro de una certeza sospechosamente simple, aunque fuera brillante y propia, porque esa es la torre de marfil más remota y más fracasable. Así, las sociedades abiertas tienen la mayor amenaza no en el caos que pueden provocar con esa reflexividad dinámica que explica su mecánica diaria, sino más bien en el dogmatismo y fundamentalismo.